Buscar
  • Ana Diéguez

Dar a luz


Quizá no lo recuerdas, pero tuviste una vida de unos nueve meses, donde todo era puro placer y dicha. Nada te faltaba, no había deseo, todo lo que necesitabas se te brindaba de la mejor y más elevada manera.

La energía creativa de dos seres se unieron para formar tu primera célula, una diminuta parte de vida. Pura magia, crear materia de lo inmaterial.

Sentías calor, sostén, alimento, contacto, límites. Todos los ingredientes necesarios para sentirte en el verdadero paraíso que es el vientre materno, conectado plenamente con el AMOR INCONDICIONAL.

De repente, sin previo aviso, una fuerza enorme te expulsó de ahí, una fuerza que sabía que estabas preparado para la vida en otra matrix.

Cada uno de nosotros lo hizo como pudo, cada una de las madres lo acompañó como supo, cada uno de los nacimientos fueron SAGRADOS. Pero en ese momento, la mayoría de nosotros, sintió frío, desconexión, incertidumbre y MIEDO, un miedo profundo a dejar de ser, a perder todo lo que antes parecía asegurado, una pequeña muerte.

El nacimiento fue nuestra primera herida, el ombligo lo recuerda. Según lo que se tardara en recibir de nuevo ese calor, sostén, alimento y sobretodo contacto, esa conexión con la madre a través de sus ojos, de su piel, la herida pudo pasar de un simple rasguño a atravesar otras capas profundas del ser.

Muchas experiencias viviremos que nos recuerden a esos miedos primarios y encontraremos soluciones para que no duela tanto. Disfraces, máscaras que nos vistan de lo que no somos. Unos de caperucita roja, otros de lobo, otros de abuelita enferma, un sinfín de personajes que construirán nuestra personalidad, nuestro ego, para obtener el amor incondicional que todo lo cura.

La misión de esta matrix es descubrir que no necesitamos ningún disfraz si creemos que esa fuente de amor es inagotable y que ya vive en ti, que tú también estás hecho de esa energía y que puedes reconocerla en cada uno de los seres, más alla de la máscara que haya escogido para mostrarse.

Recordarles a los niños que son seres perfectos así como son, que son amados, que están conectados con otros seres, con la madre tierra, con la energía del amor incondicional. Hacerles sentir que están protegidos y que hay en ellos talentos maravillosos. Que pueden confiar en ellos y que cada piedra del camino guarda un mensaje para su evolución, supone contribuir a que esa herida se vaya sanando, para que no duela, no pique, no se abra aún más y el disfraz vaya deshilachándose por sí solo para mostrar lo que verdaderamente eres en esencia.

Existen varias maneras para hacerlo posible, la que yo quiero compartir con vosotros viene en forma de libro, de meditación. Luz es un libro para que la voz de la madre o de los seres que nos cuidan, sea un bálsamo de amor que sana.


41 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo
  • Grey Facebook Icon
  • Grey Instagram Icon